La belleza natural de Pichilemu y su atractivo turístico son innegables, pero el crecimiento sostenido de visitantes y residentes ha puesto en el centro del debate un tema crucial: la crisis hídrica. ¿Cómo puede nuestra comuna seguir desarrollándose sin comprometer un recurso tan vital como el agua dulce?
La Región de O’Higgins, y en particular la zona costera, ha experimentado años de sequía, afectando las napas subterráneas y los cauces de agua. El aumento de la demanda por el turismo, que implica un mayor consumo de agua en alojamientos, restaurantes y actividades recreativas, agrava esta situación. Es una ecuación compleja: el turismo es un motor económico fundamental para Pichilemu, pero su expansión debe ser compatible con la disponibilidad de recursos naturales.
Es imperativo que Pichilemu adopte un enfoque de turismo sostenible. Esto implica que los establecimientos turísticos implementen medidas de ahorro de agua, como la instalación de griferías de bajo consumo, sistemas de reutilización de aguas grises y campañas de concientización para sus huéspedes. La Municipalidad, por su parte, debe seguir invirtiendo en infraestructura hídrica, como la mejora de la red de distribución y la exploración de nuevas fuentes de abastecimiento, como la desalinización, siempre evaluando su impacto ambiental.
La comunidad también juega un rol crucial. Cada residente y visitante debe ser consciente de la importancia del uso responsable del agua. Pequeñas acciones, como duchas más cortas, regar jardines en horarios de menor evaporación y reportar fugas, suman para hacer una gran diferencia.
El desafío es grande, pero no insuperable. Pichilemu tiene la oportunidad de ser un ejemplo de cómo el desarrollo turístico puede ir de la mano con la sostenibilidad ambiental. Esto requiere un diálogo constante entre autoridades, empresarios y la comunidad, buscando soluciones innovadoras y un compromiso colectivo para proteger nuestro recurso más preciado.





